domingo, 10 de enero de 2021

La velocidad de la inteligencia



Solemos desestimar las posibilidades de una tecnología para los viajes espaciales debido, entre otras cosas, a la complicada relación entre la distancia y la velocidad. Un rayo de luz tardaría cien mil años en recorrer nuestra galaxia de un extremo al otro.

Según la teoría estándar, ninguna señal puede ir más rápido que la luz. Aún si desarrolláramos una tecnología que nos permitiera viajar a un décimo de esa velocidad, tardaríamos un millón de años en recorrer la galaxia. Si viajáramos a la estrella más cercana a un décimo de la velocidad de la luz, tendríamos un viaje de ida de 42 años. 

La lentitud que impone la cota lumínica de velocidades parece obligarnos a pensar que la inteligencia no es posible en entornos mayores a un sistema solar. Podemos planificar sobre cosas que duran horas o días o años, pero nuestra inteligencia no funciona para procesos más longevos. 

Hay dos formas de resolver esto: Una consiste en pensar que hay algún problema en la teoría de la relatividad y que la cota de velocidades sí puede remontarse. En ese caso la inteligencia humana podría extenderse a la galaxia; todo depende de cuanto se supere la cota; si tardáramos un año en recorrer la Vía Láctea, nuestra inteligencia sería perfectamente operativa. Pero si bien existen evidencias de que algunas influencias pueden saltar de una partícula a otra entrelazada de manera instantánea, no es posible, según la teoría, enviar información a una velocidad mayor que la de la luz.

La segunda forma de resolver la lentitud de los viajes espaciales tal vez no haya sido muy meditada, pero es posible según las leyes físicas. 

Un ser humano vive unos 80 años y su inteligencia puede intervenir sobre cosas que duran generalmente menos que eso; como hemos dicho, unas horas, unos días o unos años. Piense en cualquier cosa que decida; si estamos haciendo una comida, nuestro plan es para los siguientes minutos, primero la harina, después los huevos, después la manteca; si el plan es ir al teatro, podemos pensar en varios días; si deseamos hacer un doctorado, podemos pensar en los siguientes tres años Nuestra inteligencia opera sobre procesos que duran menos que la vida humana porque nuestros genes nos dicen que nada tiene mucho sentido después de morir.

Una estructura inteligente que dure 5000 millones de años[1], también podría intervenir sobre procesos que duran menos que eso; pero menos que 5000 millones es casi cualquier cosa.

Si  el universo pudiera construir un soporte físico para una forma muy longeva de inteligencia con la misma física que construyó nuestra incipiente tecnología, entonces su inteligencia podría actuar sobre procesos  de un millón de años o más. Al 10 % de la velocidad de la luz, una estructura tecnológica podría viajar de un extremo al otro de galaxia 5000 veces. Dentro de una galaxia, casi todos los procesos evolutivos podrían ser intervenidos inteligentemente.

Existe una relación entre la longevidad de la estructura que presenta inteligencia y la duración de los procesos que puede intervenir. Si no hubiera un límite de velocidad y solo demoráramos un año en recorrer la galaxia, con una tecnología de viajes espaciales que durara 5000 años, podríamos viajar de un extremo al otro 5000 veces. Si, en cambio, una tecnología viajara al 10% de la velocidad de la luz, y la estructura inteligente tuviera 5000 millones de años, también recorreríamos la galaxia 5000 veces. Entonces, la operatividad inteligente sería la misma en los dos casos.

La existencia de formas estables de tecnología es, en cierto modo, equivalente a superar la cota de velocidad.

¿Pero tiene sentido pensar en formas estables de tecnología de 5000 millones de años de duración si nuestro mundo solo tiene 4550, nuestra especie tiene 200.000 años y nuestra tecnología espacial menos de 100? Es una buena pregunta, pero tanto la forma de una tecnología estable como las evidencias que dejaría, son tema para otra discusión.

_______________

[1] Si extrapolamos los tiempos evolutivos terrestres hasta el momento en que nacieron los primeros mundos con carbono, la tecnología de los viajes espaciales ya sería posible unos 8000 millones de años después del Big Bang. En un universo de 13800 millones de años, eso nos deja unos 5800 millones de tecnología especial.
https://elpais.com/elpais/2018/10/23/ciencia/1540309489_790251.html

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jueves, 7 de enero de 2021

¿Natural o artificial?


 
Todos podemos diferenciar objetos naturales de artificiales. Un árbol, una flor, un río, un gato y un bebé, son naturales, en cambio, un tren, un lápiz, un semáforo, una silla y un teléfono inteligente son artificiales. Cualquiera podría pensar que la diferencia está en el objeto, de modo que sería muy sencillo definir las características que hacen que un objeto sea natural o artificial. Pero es más complicado de lo que parece.
 
Supongamos que nuestra tecnología continúa evolucionando durante, digamos, 10.000 años. Es imposible imaginar las cosas que podríamos hacer, pero hagamos un esfuerzo.

Luego de evolucionar 10.000 años, nuestra tecnología pudo hacer una abeja. Nada del otro mundo ¿verdad? De hecho, nuestra abeja es idéntica a las abejas naturales. Si bien fue difícil de reproducir, no había nada allí lo suficientemente místico para que una tecnología avanzada pudiera fabricarlo. Primero hubo que entender el vuelo, luego la decisión de volar, el soporte físico de las decisiones, las neuronas, las células, los ribosomas, la replicación celular, la estructura tridimensional de las proteínas. Todo muy complejo pero nada imposible para una tecnología que pudiera comprender y reproducir cada fenómeno.

Tenemos, entonces, dos abejas idénticas, una natural y la otra artificial. Es evidente que el carácter natural o artificial no está en los objetos sino en su procedencia. Un objeto es natural cuando procede de la naturaleza y es artificial cuando fue construido por una tecnología avanzada. Las características de un objeto no son evidencia de que sea natural y no artificial. No existe nada natural que una tecnología suficientemente compleja no pueda reproducir

La mayoría de las cosas que fabricamos, no tienen por objetivo parecerse a la naturaleza, sin embargo, si quisiéramos fabricar un organismo vivo, como la abeja, nos encontraríamos en apuros. No tenemos la tecnología para fabricar una abeja. Conforme la tecnología avanza, algunas de las cosas que puede hacer comienzan a parecerse a los objetos naturales. Si una tecnología fuera suficientemente avanzada algunas de las cosas que podría construir serían idénticas a la naturaleza.

Existe una simetría central. La naturaleza no puede construir un rascacielos pero la tecnología que construye rascacielos sí podría evolucionar hasta producir cosas idénticas a las naturales.
 
Una célula viviente artificial sería todavía más difícil de imaginar. ¿Serían artificiales también las células hijas? ¿Y las hijas de las hijas de las hijas? Cien mil años después ya no sabríamos si hubo un ancestro artificial.


Si nuestra célula artificial evoluciona y produce una musaraña cien millones de años después, ¿la musaraña es artificial o natural?. Y si la misma tecnología de la célula inicial modifica el ADN de la musaraña para que pueda comer las hojas de un arbusto nuevo, que antes no comía, ¿la musaraña mutante es artificial o natural?. Y si luego de otros cien millones de años evoluciona un mamífero arborícola a partir de la musaraña artificialmente modificada, ¿este mamífero es natural o artificial?

En la Tierra, no hay evidencias de que longevas formas tecnológicas hayan intervenido en los procesos evolutivos; aunque, claro, tampoco hay evidencias de que todos los fenómenos complejos sean naturales. No se trata de que no existan objetos que lo pongan en evidencia. El problema es más profundo. Los objetos no son evidencia de su carácter natural o artificial. Y los procesos que los construyeron se funden en una maraña donde lo natural y lo artificial se desdibujan.

A veces la incertidumbre es mejor que una certeza equivocada.

domingo, 25 de octubre de 2020

2020 - 2030 Una década difícil




Describiendo el bosque


Es fácil reconocer que la humanidad está creciendo. En los últimos 50 años la población se duplicó y la tecnología creció, incrementando vertiginosamente nuestra capacidad de modificar el entorno. Cualquier descripción de nuestro pasado debe incluir la aceleración de nuestro crecimiento; la población ha explotado y todos los fenómenos asociados han explotado también. Pero conocer la forma de ese crecimiento no es lo mismo que ser conscientes de su intensidad.


Nuestra especie existe desde hace tal vez 200.000 años, pero antes del año 2000 nunca habíamos sido más de 250 millones de personas. En el último 1% del eje temporal crecimos más de 30 veces hasta llegar a los 7800 millones actuales. Si graficamos la evolución de nuestra población sin alterar las escalas ni cortar los ejes, podemos ver el fenómeno real, tal como está ocurriendo: una parte plana el 99% del eje horizontal y un abrupto crecimiento durante el último 1% de la curva.


Si fotografiamos la explosión de una bomba una fracción de segundo después del estallido, veríamos la carcasa desgarrada alejándose de un centro común, tal vez a 20 centímentros una parte de la otra; y veríamos los detritos de la explosión como una nube dispersa alrededor. Pero una foto no es una película; veríamos un estado, pero no veríamos la explosión.

Lo mismo ocurre con nuestra civilización. Estamos en medio de una explosión que ya lleva 2000 años, pero no la vemos porque solo vivimos 80, un tiempo demasiado breve para reconocer el estallido. Esta ceguera es grave porque nunca es bueno estar explotando y no saberlo.


Nuestra mirada general es el reconocimiento de esta vertiginosa explosión; pero nuestro objetivo no es el bosque sino el árbol; el presente y el futuro inmediato .


Las ramas del árbol


Si bien puede ser alucinante, estar explotando no nos dice mucho acerca del presente. El estallido ya lleva dos milenios ¿Por qué habría de pasar algo justo ahora? Hay acuerdo sobre la explosión pero no hay acuerdo sobre el presente. Algunos piensan que nada nos ocurrirá y que nos adaptaremos al cambio sin modificaciones importantes, y otros creen justamente lo contrario, que hay que cambiar todo para adaptarnos. En general, estos credos están alineados con el pensamiento político de cada persona y lo que debería ser un problema concreto se ha transformado en una discusión de ideologías.


Debemos aclarar entonces que los hechos no son ni marxistas ni liberales. Simplemente son. Y las respuestas basadas en los hechos son simplemente inevitables, no responden a ninguna ideología. Hablar de la ideología de los hechos es como hablar de la alegría del GPS o la temperatura de la inteligencia artificial.


La Tierra tiene 50.000 millones de hectáreas de las cuales la mayoría es agua. Digamos que hay 15.000 millones de hectáreas de tierra firme. Somos 7.500 millones de seres humanos, de modo que tenemos unas 2 hectáreas por persona. En realidad la cuenta da 1,8 hectáreas, porque somos más de 7500 millones y porque hay tierra firme hundida bajo kilómetros de hielo. Hace una vida humana, teníamos más de 7 hectáreas y ahora tenemos 1,8. Si la cantidad de personas se cuadruplicó, las hectáreas por persona se dividieron por cuatro. 



Pero si la cantidad de hectáreas por persona se está reduciendo  tan rápido, entonces tiene sentido preguntar si todavía alcanzan. No es una pregunta verde ecologista socialista marxista leninista; es una pregunta obvia y crucial: ¿Estamos utilizando más de lo que el mundo produce o tenemos mucho tiempo aún para evitar el déficit?. Para responder esta pregunta debemos traducir nuestro impacto ecológico en hectáreas y luego compararlas con 1,8. ¿Cuánta superficie usamos para cultivar lo que comemos en un año, más lo que comen los animales que nos comemos, más la tierra necesaria para su pastoreo, más la superficie que se necesita para limpiar el aire que ensuciamos cuando fabricamos energía, más el área necesaria para limpiar el agua que usamos, más el área necesaria para digerir los residuos que generamos, más el área para nuestras ciudades y pueblos y rutas, etc. todo en un año?


El algoritmo para traducir nuestro impacto ecológico en hectáreas anuales fue ideado en 1995 por Wackernagel y Rees. Este es el cálculo de la huella ecológica y es una cota inferior del área que usamos. Es imposible contar todo; las hectáreas que consumimos por año son como mínimo las que resultan del cálculo y muy probablemente mayores. 


El cálculo de la huella ecológica revela dos hechos aproximados:


  1. El humano promedio utiliza 2,7 hectáreas por año y tiene solo 1,8, luego, estamos en déficit.

  2. El déficit ecológico se configuró en la década de los '80 y de allí en adelante nunca hemos dejado de ser deficitarios.


Respecto a lo primero, ya se ha dicho mucho. La única forma de usar más de lo que hay es gastando al mundo. El año que viene habrá un poquito menos de diversidad biológica, un poquito más de temperatura y un poquito más de plástico en el mar. El déficit genera degradaciones. Todos los déficit son insostenibles a largo plazo; la civilización está en déficit, luego, la civilización es insostenible.


Lo segundo es más interesante. Supongamos que usted aparece con un cesto grande para tirar la basura que generó este año y se encuentra que la tierra todavía no digirió todo lo que usted mismo arrojó el año pasado. Allí están aún las bolsitas de nylon, las botellas de plástico y el celofán de los empaques. Naturalmente, usted arroja su nueva carga y se va. Pero si usted hace lo mismo todos los años, se forma una montañita, y la altura de la montañita es mayor cuanto más años pase haciendo lo mismo. Esto es lo que ocurre con todas las degradaciones. Gastar el mundo es acumular degradaciones, y hacerlo durante mucho tiempo es aumentar las chances de que las montañitas de degradaciones se nos caigan en la cabeza. El punto 2 es interesante porque nos dice que el déficit ya lleva unas décadas y que las montañitas ya podrían estar crecidas.


Para saber si la acumulación de degradaciones resulta suficientemente crítica debemos medir el fenómeno; no es correcto afirmar nada sin medir. Pero medir no es fácil. Para saber si los glaciares avanzan o retroceden, muchos geólogos tienen que pasar muchos días en el frío, durmiendo en carpas, midiendo el hielo. Para saber si la biodiversidad se está reduciendo se deben medir las poblaciones de muchas especies y compararlas con el número anterior. Pero para contar a los elefantes, algunos especialistas tienen que vivir unos cuantos años  en la selva, montando campamentos, padeciendo picaduras de arañas y mordeduras de serpientes y soles intensos sobre sus cabezas. Y luego otros tienen que contar a las jirafas y los castores y los alerces y las coníferas. Muchos especialistas, mucho tiempo. Y luego hay que compilar la información, y sacar lo que no sirve y lo que no es seguro y realizar estadísticas con el resto y decir las cosas con mucho cuidado. Y si luego de esta gesta resulta que estamos alterando a la naturaleza con nuestras actividades y reduciendo peligrosamente la biodiversidad, debemos escuchar, porque no ha sido fácil recabar información y transmitir el mensaje. (IPBES 2019)


Pero la situación se torna interesante cuando es posible detectar las comsecuencias sin medir tanto. La pandemia de coronavirus es una consecuencia del déficit ecológico, es un modo como esas montañitas comienzan a caer sobre nosotros. Y no es una consecuencia menor, se nos metió en las entrañas, nos puso un barbijo en la boca nos obligó a un protocolo y ya ha causado daños económicos graves, aumentando la pobreza y el desempleo a nivel mundial.


Todo parece indicar que la pandemia no es la única consecuencia del déficit ecológico sino solo la primera; el cambio climático, por ejemplo, es otra de las consecuencias que se está visibilizando. Hace unas décadas solo veíamos conferencias  de partes aquí y allá donde se evaluaban modelos climáticos y predicciones en diferentes escenarios, que decían que el mundo se iba a calentar. Ahora las predicciones se transforman en consecuencias y ya nos entran por los ojos.



2020: Un cambio sutil


Amanecimos en 2020 viendo como se incendia Australia, como se incendia el Amazonas, como se incendia California o como se derriten las ciudades del ártico. En esta década que arranca, un cambio sutil pero absoluto comienza a perfilarse. Las montañitas de degradaciones comienzan a desmoronarse sobre nosotros. Seguimos siendo los responsables del déficit ecológico pero ahora, además, padecemos sus consecuencias. Ya no se trata de meras predicciones; ahora tenemos ante nuestros ojos las consecuencias de las predicciones. 


La década que comienza en 2020 es ya el tiempo en que conviven el déficit y las consecuencias del déficit. ¿De qué modo se transformarán en hechos esas consecuencias?. Solo podemos deducir que veremos fenómenos meteorológicos cada vez más extremos, consecuencias ecológicas cada vez más graves y una economía cada vez más afectada. A partir de 2020, empezaremos a ver la película con nuestros propios ojos y, como siempre ocurre en estos casos, la experiencia propia nos enseñará más que las predicciones ajenas.


Afortunadamente, el tiempo de las consecuencias es también el tiempo de las soluciones. Pero esa es otra historia.


sábado, 6 de junio de 2020

UTOPÍAS VERDADERAS

Dado que estas cosas deben ocurrir tarde o temprano; que no podremos enderezar nuestro déficit ecológico de una manera estable sin que ocurran y que no es la primera vez que predigo en las sombras cosas que luego ocurren a la vista de todos; voy a decir lo que pienso, tal como lo pienso, aunque parezca utópico.


Los estados nacionales no existen. No es una fantasía pensar que no existen. Es una fantasía pensar que existen. Las líneas que dividen a las naciones son imaginarias, solo están en nuestra mente porque así nos han enseñado de niños. No hay ninguna raya entre Argentina y Chile. Además de ser imaginarias, son rayas fugaces porque no estaban allí hace 500 años, mientras nuestra especie tiene 200.000 y el género humano unos dos millones y medio de años.
El mundo es estable porque existe; las fronteras nacionales son inestables porque no existen.
Además de ser un credo, imaginar estados nacionales resulta muy incómodo. Todos los aspectos que hacen perdurable a nuestro mundo deben ser acordados entre los estados nacionales. Acordamos no usar armas de destrucción masiva, pero las seguimos desarrollando; acordamos reducir las emisiones de CO2 pero lo seguimos emitiendo; acordamos limitar el plástico circulante pero no hemos hecho nada para lograr el acuerdo. Las partes son imaginarias; los acuerdos entre las partes son inestables y mientras duran, no se cumplen.
Para poder avanzar hacia un mundo estable y perdurable, necesitamos reconocer el carácter imaginario de los estados nacionales.

Como no existen los estados nacionales, no existen las nacionalidades. Hay una sola especie tecnológica y una sola raza. Nuestras diferencias son solo variaciones dentro de la misma raza de la misma especie. La discriminación racial es absurda porque no existen las razas. Desde el punto de vista científico, solo existe la raza humana. Todo lo demás es un invento.
Para poder avanzar hacia un mundo estable y perdurable, necesitamos reconocer el carácter imaginario de los nacionalismos.

La economía privada no es sustentable
El déficit ecológico es una de las razones por las cuales no somos sustentables, y la economía privada es el principal obstáculo para resolver el déficit ecológico. Nos damos cuenta cuando intentamos resolverlo. No podemos reducir las emisiones de CO2 porque existen intereses económicos que lo impiden. No podemos abandonar el consumo de plásticos porque existen intereses económicos que lo impiden; no podemos reducir el consumo de agrotóxicos porque existen intereses económicos que lo impiden. No pensemos en grandes corporaciones, estos intereses a veces son los suyos y los míos.
La naturaleza nos fuerza a desarrollar tecnología para ser más eficientes, para hacer lo mismo utilizando menos recursos, pero la economía privada utiliza a la tecnología para ser más rentables. Sería maravilloso que un mundo más rentable fuera también más perdurable, pero esto no es así. La pugna tecnológica por la rentabilidad impulsa el crecimiento. Pero el crecimiento nos está matando al ser responsable del déficit ecológico. No podemos utilizar un mundo y medio cuando solo tenemos uno. Debemos usar medio. Necesitamos tecnología para ser más eficientes y la economía privada financia tecnología para ser más rentables.
La economía privada sostiene un mundo rentable pero fugaz. Cuando su fugacidad se haga notar, dejará de funcionar como un auto viejo.

Existen muchos individuos que tendrán dificultades para adaptarse al abandono de la economía privada; pero no existe ninguna adaptación estable que viole la libertad individual. O bien la humanidad adopta libremente un modelo económico que no se soporte en la rentabilidad privada o bien abraza libremente un modelo no sustentable. Nada impuesto será estable. La libertad de los individuos es una condición necesaria para la perdurabilidad




lunes, 1 de junio de 2020

En las entrañas de la huella ecológica

Según Wikipedia,  la Tierra tiene, en números redondos, una superficie de 510.000.000 km2, de los cuales 149.000.000 km2 son tierra firme. Se trata de unos 14.900 millones de hectáreas de superficie. Como existen al 2020 unos 7900.000.000 humanos, nos quedan unas 1,89 hectáreas para cada uno. Pero teniendo en cuenta que parte de la tierra firme son hielos eternos o desiertos, podríamos dejar el cálculo en unas 1,8 hectáreas por persona.

Una hectárea es una manzana, 100 metros por 100 metros, de modo que estamos hablando de menos de dos manzanas por persona. Son unos 18000 metros cuadrados.

Eso quiere decir que el mundo dispone para usted de 1,8 hectáreas. Esa superficie, como máximo, debería ser su huella ecológica. Todo lo que usted haga tiene que estar dentro de esa superficie.

-Bueno, 18000  mes mucho ¡Todos para mí! ¡Ja!. Para comida utilizaremos 100 m2 o 200 m2, no sé.
-¿100 o 200 qué? Usted consume más de un kilo de vegetales por día, pongamos unos 500 kilos por año, entonces usted necesita superficie para producir esa media tonelada. 100 m2 no le alcanzan ni para empezar. 
-Tiene razón. ¿Media hectárea? No sé. Habrá que hacer la cuenta.
-¿Y la carne?
-Cómo "la carne"...
-Sí. ¿Usted no come carne?
-Si, pero...
-Pescado, pollo, vaca, cerdo, cordero.
-Bueno, sí, como carne 
-¿Cuántas hectáreas utiliza?
-No sé...
-¡Haga la cuenta! Olvidemos al pollo y al pescado. Supongamos que usted solo come vaca, entonces 100 kilos por año son un quinto de vaca. Si una vaca ocupa dos hectáreas; tenemos un décimo de hectárea para la carne
-Ah...
-Unos 1000 metros cuadrados
-¿La carne también es superficie?
-Todo es superficie. Ya lleva como 6000 metros cuadrados y recién contamos la comida.
-¡Bueno, tengo 18000! ¿Qué más hay que contar?
-¡Falta todo! Por ejemplo, el agua.
-Pero si yo tomo dos litros por día. A lo sumo 3.
-¿Y no se baña, no lava la ropa, los platos, no riega las plantitas? ¿Cuántos litros consume por día? 
-Ah. ¿Todo eso hay que contar?
-200 litros por día son unos 80000 litros por año. ¿Cuántos metros cuadrados son? A usted le quedan 12000.
-Ni idea. ¿Esos también son metros...?
-Todo. ¿Y la energía?
-¡¿La energía también es superficie?! Pero si yo prendo dos lamparitas...
-¿Y esos lentes que usa, de donde son?
-¡Ja! ¿Vió? El armazón es de titanio, catanio y stronzio, o algo así. Es italiano.
-Para traerlo de Italia hasta acá hubo que usar un barco que consumió energía, parte de la cual está en los lentes.
-No entiendo...
-El 85% de la energía que usamos proviene de quemar combustibles fósiles y emitir CO2 a la atmósfera. El CO2 es absorbido por los bosques, básicamente. ¿Qué área de bosque necesitamos para absorber el COque se emite para fabricar la energía que usted usa?
-(glup) Ni idea.
-Mucho. Y todavía no contamos los residuos
-¿Qué residuos? Si yo casi no hago basura...
-¿Cuántas bolsas de residuo tira?
-Ah, las bolsitas... Tiraremos una por día. Pero mire, yo ya sé por donde viene usted. Las entierro en el fondo y listo. Una bolsita por metro cuadrado son 365 mpor día...
-¿Y qué tira en las bolsitas?
-¿Cómo?
-Sí, ¿qué tira?
-No sé. Nunca abrí una bolsita para mirar... Irán cascaras de papa, bolsitas de fideos, botellitas de aceite vacías, latas de paté, sobres de mayonesa... ¿Qúe se yo.?
-Necesita mucha superficie. Si usted entierra una bolsa por metro cuadrado y la bolsa tiene una botella de plástico, necesita esperar 100 años para que se degrade o usar 100 m2. Pero 100 m2 por bolsa son 36.500 m2 por año. y usted solo tiene 18.000.
-Perop... ¿Y entonces como hacemos?
-Fácil, acumulamos degradaciones para el año que viene.
-Pero... ¿Y el año que viene?
-Acumulamos para el otro
-No me cierra...
-Tranquilo hombre. A nadie le cierra.



lunes, 30 de diciembre de 2019

La inestabilidad típica



Nuestra civilización es inestable.  Si midiéramos la probabilidad de que la civilización se extinga[1] durante el siguiente siglo, entonces esta probabilidad es hoy mayor que hace miles de años atrás.

Esto es muy curioso porque la civilización actual ha mejorado todos los números. La esperanza de vida mejoró, los nacimientos exitosos mejoraron, el estándar de vida mejoró, la pobreza disminuyó, la producción de alimentos aumentó. ¿Por qué decimos que ahora sus probabilidades de extinguirse son mayores que antes?

Si revisamos un poco nos damos cuenta del problema. En el pasado,  2.000 o 3.000 años atrás, las posibilidades de que nuestra civilización se extinga durante el siguiente siglo dependían casi exclusivamente de la colisión de un gran meteorito contra la Tierra. En el presente, el evento es el mismo, las posibilidades de que ocurra son más o menos las mismas, pero se ha agregado un episodio nuevo muy negro, que ahora está y antes no estaba: La detonación de todo el armamento nuclear existente.

Al respecto hay varias cosas que decir.
1. Si se detonan todas las armas nucleares, se extingue la civilización. Esto se mostró en varios artículos, viendo el modo como se comportaba el clima en dicho escenario.
2. La probabilidad de que todo el armamento detone en el siguiente siglo, es mayor que la probabilidad de que caiga un meteorito en el siguiente siglo y extinga la civilización. Y la probabilidad de que ocurra una cosa o la otra, es aún mayor. Esa es la probabilidad actual.
3. La probabilidad de detonación de armas nucleares aumenta con el tiempo: La probabilidad de que aparezca un loco es menor en 100 años que en 200 y aún menor que en 500. En 1.000 años, la probabilidad es alta.
4. La cantidad de armas nucleares tiende a aumentar con el tiempo y la cantidad de países con armas nucleares también tiende a aumentar.
5. Los tratados de no proliferación son inestables: Los actores más peligrosos se pueden ir del acuerdo en muy poco tiempo.


Es un hecho consistente (aunque no evidente) que nuestra civilización está atravesando en la actualidad un período inestable. Pero ¿qué es lo que genera esa inestabilidad?
La respuesta es simple: La tecnología. Lo que existe ahora y no existía antes es nuestro conocimiento y nuestra capacidad para arrancar la energía de los átomos. Y este conocimiento nuevo genera una responsabilidad y un cuidado nuevos que aun no hemos construido. La inestabilidad la genera esta simbiosis entre la civilización y su tecnología.

La pregunta no es ingenua, como lo demuestra esta otra: ¿Es este choque un fenómeno especial de nuestra civilización o es común a todas las civilizaciones inteligentes cuya evolución imaginemos? ¿Debemos esperar que todas las civilizaciones  desarrollen tecnología hasta tener que adaptarse a ella en algún punto?

Si la respuesta fuera afirmativa, entonces estaríamos frente a una inestabilidad presente en la historia evolutiva de toda civilización que no se extinga frente a ella. Entonces, todas las civilizaciones tecnológicas ya estabilizadas tendrían rasgos en común, como por ejemplo, el conocimiento para arrancar energía de los átomos, entre muchos otros.

Pero además, si una civilización se adapta a sí misma y logra perdurar unos miles de años después de la adaptación ¿Qué cosas podrían matarla en el futuro? ¿Cuál sería su longevidad?
Siempre quedan preguntas por responder.




[1] La extinción de la civilización (con supervivencia de la especie inteligente) debe definirse con cuidado. Implica al menos una dramática reducción de la población y el conocimiento.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Probabilidad de Civilizaciones Inteligentes en la Vía Láctea



Es muy común pensar que el supuesto de que existe vida inteligente en otros sitios de la galaxia es muy riesgoso dado que no existen evidencias de estas civilizaciones. Pero la situación real es completamente distinta.
Suponer que somos un caso único de vida inteligente, dadas las evidencias de que nosotros existimos y de que hay cientos de miles de millones de planetas en nuestra galaxia, sí es un supuesto riesgoso. Muy riesgoso.

Hagamos un experimento imaginario aumentando progresivamente el número de planetas que tiene la galaxia. El objetivo es que lo comprendan todos, de modo que iremos despacio y desatendiendo detalles.


Si nuestra galaxia tiene solamente tres mundos (n=3): el nuestro, al que llamaremos T, el mundo A y el mundo B, y anotamos  "1 " cada vez que un mundo tiene vida inteligente y "0" cuando no la tiene; los casos en nuestra galaxia serían los siguientes:

    
      T A B
1.   0 0 0
2.   0 0 1
3.   0 1 0
4.   0 1 1
5.   1 0 0
6.   1 0 1
7.   1 1 0
8.   1 1 1


Donde anotamos el número de caso a la izquierda y el nombre de cada mundo, arriba. 

p(3)=1/(2^3)

Existe una probabilidad de 1/8 = 0,125 de que nuestro mundo tenga vida inteligente y el resto no.


En una galaxia de 3 mundos, el caso en que nuestro mundo tiene vida y los demás no, es el caso 5, y es un caso entre 8 posibles. Su probabilidad de ocurrencia es 1/8, esto es


Si nuestra galaxia tiene ahora n = cuatro mundos: el nuestro, al que nuevamente llamaremos T, el mundo A, el mundo B y el mundo C, y anotamos  "1"  y "0" como antes; los casos en nuestra galaxia serían los siguientes:



     T A B C
1.   0 0 0 0
2.   0 0 0 1
3.   0 0 1 0
4.   0 0 1 1
5.   0 1 0 0
6.   0 1 0 1
7.   0 1 1 0
8.   0 1 1 1
9.   1 0 0 0
10. 1 0 0 1
11. 1 0 1 0
12. 1 0 1 1
13. 1 0 1 1
14. 1 1 0 1
15. 1 1 1 0
16. 1 1 1 1

En una galaxia de 4 mundos, el caso en que nuestro mundo tiene vida y los demás mundos no, es el caso 9 de la lista, y es un caso entre 16 posibles. Su probabilidad de ocurrencia sería 1/16, esto es 

p(4)=1/(2^4)

donde p(4) es ahora la probabilidad de que nuestro mundo tenga vida y los demás no, en una galaxia de 4 mundos.

Queda claro que su hubiera 5 mundos en nuestra galaxia, la probabilidad de que solo el nuestro tuviera vida sería de

p(5)=1/(2^5)

Y en general, en una galaxia de n mundos, diríamos que la probabilidad de que nuestro mundo tenga vida y los demás no es de

p(n)=1/(2^n)

Pero el caso real es que nuestra galaxia tiene tal vez entre 200.000 y 400.000 millones de mundos. Tomenos 200.000 millones para hacer la cuenta. La probabilidad de que  nuestro mundo tenga vida y todos los demás no la tengan, es 
p(200.000.000.000) = 1/(2^200.000.000.000)


Un número tan astronómicamente bajo nos dice que en nuestra galaxia existen varios mundos habitados. Suponer que solo nuestro mundo está habitado y los otros no, es suponer que se ha dado un caso cuya probabilidad de ocurrir es de una entre dos a la docientos mil millones. Una probabilidad tan baja es tratada por la ciencia como si fuera nula.
Cuando decimos que existen otras inteligencias en nuestra galaxia, estamos diciendo algo cuya probabilidad de ocurrir es prácticamente 1.


Nota1. Los fenómenos considerados son independientes. La probabilidad de que un planeta genere vida inteligente es independiente de la probabilidad de que ocurra en otro planeta.
Nota2. En este tipo de calculo se considera que la probabilidad  de que un mundo produzca vida inteligente es igual a la probabilidad de que no la produzca, porque ambas situaciones se cuentan como un caso. Para resolver esto hay que complicar la cuenta considerando dos probabilidades complementarias p y q. Pero si queremos respetar la evidencia de un mundo habitado en una galaxia deshabitada, habría que reducir casi a cero la probabilidad  de ocurrencia de vida en un mundo y estaríamos casi en la misma situación. 

La IA y el germen del descontrol

  Es posible encerrar una mosca en la mano sin matarla y sentir sus intentos por salir. Si abriéramos la mano, la mosca escaparía, incluso s...