Cualquier cosa que digamos acerca del problema del conocimiento requerirá hablar de tres conceptos principales. Estos son: la realidad, las ideas y el lenguaje.
En el plano real o nivel óntico están los hechos, esto es: las cosas, los fenómenos, los acontecimientos, el mundo que percibimos a través de nuestros sentidos.
En el plano de las ideas o nivel conceptual están las ideas, es decir: los conceptos, las proposiciones, los problemas y todo aquello que produce nuestro pensamiento.
Por último, en el plano del lenguaje o nivel lingüístico están los términos, las sentencias, las preguntas y todo aquello que sea expresión de una idea.
Por ejemplo, una mesa es un objeto real, pero no lo reconocemos como tal hasta no hacernos la idea de la mesa, esto es, el concepto 'mesa'. Si ahora queremos expresar ese concepto, pronunciamos la palabra "mesa". De manera que: mesa, 'mesa' y "mesa" son tres entidades de diferente naturaleza, a saber: un objeto real, una idea y una palabra; o más exacto: una cosa, un concepto y un término. (utilizamos la convención de comillas dobles, simples y ningún comillado para expresar un elemento en el nivel lingüístico, conceptual y real respectivamente).
Análogamente, para reconocer que la mesa es blanca pensamos 'la mesa es blanca' y eventualmente decimos "la mesa es blanca" (en una cita romántica tal vez prefiramos no referir el particular). Es un hecho que la mesa es blanca, nuestra idea al respecto es una proposición y "la mesa es blanca" es una sentencia.
En general decimos que los objetos lingüísticos designan o expresan ideas y que ambos, los objetos lingüísticos y las ideas refieren objetos reales o tienen un correlato real. Pero existen ideas que no refieren ningún objeto real, como el concepto 'tres', o el concepto 'número' o el concepto 'concepto'. También existen objetos lingüísticos que no designan ninguna idea, como el término "por" o la expresión "falda tus brillante". Existen también ideas que no se designan mediante ningún objeto lingüístico (no mencionaré ninguna) y seguramente hechos de los que no tengo idea.
Observemos además que diferentes objetos lingüísticos pueden designar la misma idea, por ejemplo, cuando expresamos lo mismo en dos idiomas diferentes. Asimismo distintas ideas pueden referir al mismo hecho, como por ejemplo 'es de día' y 'el Sol está en el cielo'.
Evidentemente, no es posible expresar aquello de lo que no tenemos idea (aunque muchos lo intentan afanosamente) ni tener idea de aquello que nunca hemos aprehendido. De manera que parecería existir un orden natural en el flujo de información que parte de la realidad, pasa por las ideas y se manifiesta mediante el lenguaje.
Sin embargo, las relaciones entre estos tres, realidad, ideas y lenguaje, han dado pié a algunas de las principales posiciones filosóficas respecto al problema del conocimiento.
El escepticismo sostiene que el hiato entre el nivel real y el conceptual es insalvable, esto es, que no es posible efectuar el salto entre lo que la cosa es y lo que se nos aparece. Así, concluye que el conocimiento seguro no es posible.
En el plano real o nivel óntico están los hechos, esto es: las cosas, los fenómenos, los acontecimientos, el mundo que percibimos a través de nuestros sentidos.
En el plano de las ideas o nivel conceptual están las ideas, es decir: los conceptos, las proposiciones, los problemas y todo aquello que produce nuestro pensamiento.
Por último, en el plano del lenguaje o nivel lingüístico están los términos, las sentencias, las preguntas y todo aquello que sea expresión de una idea.
Por ejemplo, una mesa es un objeto real, pero no lo reconocemos como tal hasta no hacernos la idea de la mesa, esto es, el concepto 'mesa'. Si ahora queremos expresar ese concepto, pronunciamos la palabra "mesa". De manera que: mesa, 'mesa' y "mesa" son tres entidades de diferente naturaleza, a saber: un objeto real, una idea y una palabra; o más exacto: una cosa, un concepto y un término. (utilizamos la convención de comillas dobles, simples y ningún comillado para expresar un elemento en el nivel lingüístico, conceptual y real respectivamente).
Análogamente, para reconocer que la mesa es blanca pensamos 'la mesa es blanca' y eventualmente decimos "la mesa es blanca" (en una cita romántica tal vez prefiramos no referir el particular). Es un hecho que la mesa es blanca, nuestra idea al respecto es una proposición y "la mesa es blanca" es una sentencia.
En general decimos que los objetos lingüísticos designan o expresan ideas y que ambos, los objetos lingüísticos y las ideas refieren objetos reales o tienen un correlato real. Pero existen ideas que no refieren ningún objeto real, como el concepto 'tres', o el concepto 'número' o el concepto 'concepto'. También existen objetos lingüísticos que no designan ninguna idea, como el término "por" o la expresión "falda tus brillante". Existen también ideas que no se designan mediante ningún objeto lingüístico (no mencionaré ninguna) y seguramente hechos de los que no tengo idea.
Observemos además que diferentes objetos lingüísticos pueden designar la misma idea, por ejemplo, cuando expresamos lo mismo en dos idiomas diferentes. Asimismo distintas ideas pueden referir al mismo hecho, como por ejemplo 'es de día' y 'el Sol está en el cielo'.
Evidentemente, no es posible expresar aquello de lo que no tenemos idea (aunque muchos lo intentan afanosamente) ni tener idea de aquello que nunca hemos aprehendido. De manera que parecería existir un orden natural en el flujo de información que parte de la realidad, pasa por las ideas y se manifiesta mediante el lenguaje.
Sin embargo, las relaciones entre estos tres, realidad, ideas y lenguaje, han dado pié a algunas de las principales posiciones filosóficas respecto al problema del conocimiento.
El escepticismo sostiene que el hiato entre el nivel real y el conceptual es insalvable, esto es, que no es posible efectuar el salto entre lo que la cosa es y lo que se nos aparece. Así, concluye que el conocimiento seguro no es posible.
El dogmatismo resuelve las tribulaciones escépticas proponiendo partir de verdades evidentes o postulados, esto es, ideas que se suponen fiel reflejo de su correlato. Sostiene además que todo conocimiento debe partir de postulados y por lo tanto, no existe conocimiento no dogmático.
El racionalismo sostiene que la primera cosa de la que podemos estar seguros es la existencia de la razón (el nivel conceptual) y a partir de allí reconstruye otras certezas.
El empirismo afirma que el conocimiento proviene de la percepción de la realidad, más aún, define a la realidad como todo aquello que se puede percibir.
El realismo afirma que la realidad existe y que es independiente de todo observador. Para el realismo, las ideas son, finalmente, un fenómeno físico cuyo principio de funcionamiento aún no se ha dilucidado. El realismo es la postura filosófica de la que se nutre la ciencia. También se corresponde con la postura natural que hemos descripto en (1).
El idealismo sostiene en cambio, que solo podemos estar seguros de nuestras ideas pero que nunca sabremos si hay una realidad causándolas o si simplemente nos ocurren.
(me disculpo con los escépticos, los dogmáticos, los racionalistas, los empiristas, los realistas y los idealistas por tan infame reseña)
Respecto al lenguaje, también existen discrepancias filosóficas pero son más sutiles y exigen un desmenuzamiento previo que no trataremos aquí.
Respecto al lenguaje, también existen discrepancias filosóficas pero son más sutiles y exigen un desmenuzamiento previo que no trataremos aquí.